El cuerpo en la Educación Infantil

El currículo oficial que regula las enseñanzas de la Educación Infantil (tanto el actual como el que entrará en vigor próximamente) establece que la Educación Infantil contribuirá a que las niñas y los niños desarrollen las capacidades que les permitan, entre otros, conocer su propio cuerpo y el de los otros, sus posibilidades de acción y aprender a respetar las diferencias. En esta entrada me gustaría centrar la atención en discutir las implicaciones que para la formación del profesorado tiene este sencillo (en extensión) pero profundo objetivo tanto del primer como del segundo ciclo de la Educación Infantil.

Es bastante habitual que en nuestras reuniones de seguimiento de las prácticas escolares el estudiantado, cuando describe el aula en la que realiza sus prácticas, recurra a distintas formas de categorización de las niñas y de los niños. Por citar algunos ejemplos: “en mi aula hay un diagnóstico por TEA y dos en proceso de evaluación”, “en mi aula hay muchos inmigrantes y pocos españoles” o “en mi clase hay peques de un nivel socio-económico…”.

Pues bien, ¿son estas clasificaciones neutrales o responden a un posicionamiento ideológico del futuro profesorado, entendiendo ideológico como una forma de ver y posicionarse frente a la realidad? En cualquier caso, estas categorizaciones son claras manifestaciones de que los cuerpos infantiles que nuestro alumnado percibe e interioriza son construidos a través de representaciones que cosifican y dan tratamiento de objetos a las niñas y niños que están en sus aulas.

Estas categorías de “autista”, “local o extranjero”, “nivel socioeconómico bajo”, así como cualquier otra que se pueda establecer, son divisiones que no obstante son utilizadas, pasan desapercibidas sin ser problematizadas para nuestro alumnado (también por profesorado en ejercicio, tanto escolar como universitario). Al no ser problematizadas son reproducidas con una naturalidad espontánea.

Cuerpos que hablan y juegan

A pesar de esta aparente neutralidad, es obligatorio preguntarnos, en el marco del citado objetivo del currículo de la Educación Infantil: ¿qué tipo de cuerpo es el que se debe conocer?; ¿el cuerpo infantil según la maestra-o?, ¿el cuerpo según los materiales curriculares?, ¿el cuerpo según las convenciones familiares y sociales?, ¿el que muestran los medios de comunicación? Además, respecto a la mención de “aprender a respetar las diferencias”, ¿qué diferencias deben aprender a respetar, las biológicas, las sociales, las económicas?

Si bien es cierto que lo socialmente construido afecta profundamente tanto nuestra visión de quiénes somos como de quienes son los otros, como formadores de futuras maestras y maestros hemos de contribuir a identificar de qué manera estas representaciones sociales llevan al profesorado en formación a ver al alumnado como objetos que pueden ser cosificados, clasificados y etiquetados y no como sujetos de derechos. Con la alternativa, tal vez así podrían ver a María o a Juan antes que las construcciones sociales de discapacidad, poder adquisitivo, origen, etc.

Lo anterior teniendo en cuenta que no reflexionar sobre estos procesos de etiquetado dificultaría no solo que las niñas y niños construyan su propia identidad (y sí la que el estudiantado, el profesorado de los centros, los medios de comunicación, etc., quieren que sean las niñas y los niños), sino en consecuencia que sería atentatorio de sus derechos fundamentales. Entiendo que el uso y reproducción de estas manifestaciones no solo son bastante sutiles sino que en algunas ocasiones son fomentadas en beneficio del propio alumnado de Educación Infantil.

En otras palabras, en mi opinión, los contenidos y procesos impartidos durante la formación al futuro profesorado en Educación Infantil han de ayudar a desarrollar las capacidades para que el alumnado conozca “su propio cuerpo” (comillas resaltadas) y no el cuerpo que yo como maestra-o (o profesorado en formación) entiendo que el niño-a es.

Por tanto, la invitación con esta entrada es a discutir sobre tres puntos. Primero, que el profesorado, tanto en ejercicio como en formación, reflexionen sobre cómo el proceso de categorización de los cuerpos infantiles puede incidir tanto en la formación de la identidad del sujeto como en la ejecución de sus prácticas curriculares. Segundo, que el proceso de categorización de los cuerpos infantiles puede reforzar diferencias socialmente construidas que pueden fomentar la exclusión. Tercero, que la categorización de los cuerpos infantiles puede hacer creer que la diferencia es la excepción, cuando todas y todos sabemos que es y debería ser la regla. Finalmente, el futuro profesorado en Educación Infantil puede y debe desvelar las distintas distorsiones que pueden afectar el desarrollo de las capacidades que las niñas y los niños tienen para conocer su cuerpo y el de los otros. Hacerlo puede contribuir mínimamente a mejores y más capaces aulas escolares que fomenten el respeto de la construcción de la identidad durante la primera infancia y no de lo que creemos todas y todos que son las niñas y los niños.

Vladimir Martínez Bello

Vladimir.Martinez@uv.es


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