Singularidad de las prácticas externas del grado de Magisterio

Las prácticas curriculares se configuran como actividades académicas integradas dentro del Plan de Estudios del Grado de Maestro/a, tanto en Infantil como en Primaria. Son de carácter obligatorio, con una equivalencia de 51 créditos ECTS, con un plan de estudios determinado en el correspondiente plan de estudios del título. Este desarrollo viene regulado desde el Real Decreto 592/2014, de 11 de julio, por el que se regulan las prácticas académicas externas de los estudiantes universitarios.

En el caso de la Facultat de Magisteri de València, el módulo de Practicum está concebido como cuatro etapas que abarcan desde las prácticas de primer curso a la redacción de un Trabajo Fin de Grado en el último año de carrera. Este módulo representa una formación inicial para nuestros estudiantes, para un proceso de desarrollo profesional continuo para atender a una demanda de conocimientos y competencias en constante cambio para adaptarse a la variedad y diversidad del alumnado.

Maestra de primaria en prácticas en un centro docente público (Archivo de la autora).

Entre estas competencias destacan la capacidad de observación, que ya se desarrolla en las prácticas del primer curso de grado, una capacidad de reflexión y análisis de la realidad que se les demandará especialmente en las prácticas de tercer curso, tras un segundo curso más teórico. Por último, las prácticas de último curso, de mayor duración, les posibilitaran desarrollar la capacidad de responder a diferentes situaciones que pueden presentarse en el aula y desarrollar la faceta docente con toda su complejidad. Esta distribución por cursos permite ir adquiriendo una mayor autonomía y competencias profesionales, entendiendo los diferentes contextos, situaciones y participantes, de una forma progresiva y eficaz. De esta forma se asegura una formación docente que atienda a la equidad para asegurar la calidad de la educación para todos que persigue la normativa educativa (Ley Orgánica 3/2020).

Los principales problemas sentidos por el alumnado a la hora de desarrollar este prácticum son comunes en la mayor parte de las universidades españolas y se centran en la asignación de centros docentes, la elección y asignación de tutor de prácticas y la duración de estas (González, 2008).

En el caso de la Universitat de València, la elección de centros viene marcada por la nota del expediente del alumnado, por lo que aquellos con un mejor expediente eligen en primer lugar. Además, aunque año a año se incorpora nuevos centros a la oferta de ser receptores de alumnado de prácticas, estos no son suficiente para cubrir las demandas y deseos personales de todo el alumnado, quien tiende a elegir centros próximos a su domicilio o con los que se mantiene algún tipo de relación. Por lo general, centros alejados de los núcleos urbanos o situados en barrios conflictivos no suelen ser elegidos en primera opción, reduciéndose, aparentemente la oferta. Esta problemática podría solucionarse con información y experiencias emitidas desde, por ejemplo, los Centros Rurales Agrupados (CRAs), donde se está realizando una labor docente tan enriquecedora como desconocida. O con formación específica para asistir a Centros de Actuación Educativa Singular (CAES), centros donde hay niños que viven en barrios marginales o con situaciones especialmente complicadas en su entorno familiar y desde los que se está realizando una gran labor social, no siempre reconocida.

Respecto a la figura del tutor de prácticas, este no es solo un docente de la Facultad, asignado de forma individual a cada estudiante en el momento de iniciar sus prácticas, sino que es un profesor que va a entrar en contacto personalizado con un grupo reducido de alumnado, al que debe apoyar, aconsejar y orientar, siendo capaz además de identificar actitudes o comportamientos que pudieran obstaculizar el desempeño y la trayectoria profesional del estudiante. Debe tener una sólida formación profesional y ser capaz de comprender el contexto de la universidad, el centro en el que se desarrollan las prácticas y el propio estudiante (Lázaro, 2003). Son estas muchas competencias que se le presuponen al docente que actúa como tutor y que, en la gran mayoría de los casos, son fruto de la experiencia más que de una formación específica. A esto se le debe añadir el escaso reconocimiento, a nivel de horas y currículo académico, que se otorgan a la tutorización de las prácticas, y que el docente debe reducir de otras actividades si reconocidas, por ejemplo, por las acreditaciones docentes y de investigación. Por tanto, en este punto seria necesario una mayor formación para los futuros tutores, en ámbitos muy variados y relacionados con la atención personalizada al estudiante, y un reconocimiento de esta labor a la hora de valorar la calidad de su carrera profesional. Esto, sin duda, facilitaría la tarea de tutorización y repercutiría en una atención de mayor calidad en el estudiantado.

Por último, una mayor duración de las prácticas, es una reclamación del alumnado que ha ido progresivamente incorporándose al diseño de los planes docentes. Respondiendo a esta demanda, se han ido ampliando la duración de estas, dividiéndolo en los tres módulos que se describen al principio y ajustándolos a la formación teórica, también necesaria para la completa formación del estudiantado.

Para encarar estos estos problemas, se requiere implementar una evaluación formativa y sumativa de los periodos de prácticas, que analice el periodo de prácticas desde la perspectiva del alumnado, del docente tutor y del centro receptor, de modos que todos los participantes en esta formación evalúen su aportación y opten a mejorar la mismo, con el objetivo de una educación de calidad, inclusiva e igualitaria para todos y todas. Esta evaluación, junto a una formación que responda a las carencias que puedan ser detectadas, generaría un prácticum todavía más efectivo y satisfactorio para el alumnado, atendiendo a las peculiaridades de cada centro, tutor y alumnado de la Facultat de Magisteri.

Referencias

González, A.M. (2008). Análisis crítico del Prácticum de Magisterio en una facultat de formación del profesorado y educación. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid.

Lázaro, A. (2003). Competencias tutoriales en la universidad. En F. Michavilla y J. García (Eds.), La tutoría y los nuevos modos de aprendizaje en la universidad (pp. 107-128). CAM-Cátedra UNESCO.  

 

Marta Talavera Ortega

marta.talavera@uv.es

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